Traer vida y paz con nuestras palabras

Traer vida y paz con nuestras palabras

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Las palabras que decimos son poderosas. Pueden afectar a otros ya sea positiva o negativamente. Proverbios 18:21 lo dice de la siguiente manera: «La muerte y la vida están en poder de la lengua…». Con nuestras palabras tenemos el poder de dar vida y paz a otros. Dos maneras prácticas para ayudarnos a lograr esto son hacer una pausa antes que hablamos, y perseguir y procurar la paz, a medida que hablamos.

Aquí hay dos versículos que nos ayudan a hacer una pausa antes que hablemos.

Proverbios 29:20:
¿Has visto hombre ligero en sus palabras? Más esperanza hay del necio que de él.

Santiago 1:19:
Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar….

Al pausar antes de que hablemos, podemos conscientemente decidir hablar palabras que dan vida y paz, y refrenarnos de hablar palabras que no lo hacen. Algunas situaciones con que nos encontramos son más complicadas que otras. Especialmente en estas situaciones, es importante que pausemos al hablar, no apresurarnos con nuestras palabras. Vemos a Jesucristo operando este principio en una situación retadora. En el relato de Juan 8, los escribas y los fariseos le hicieron una pregunta con el objetivo de tentarlo. La respuesta de Jesús afectaría directamente la vida de la mujer traída a él, quien había sido acusada de adulterio.

Juan 8:4-8,10,11:
le dijeron: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio.
Y en la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres. Tú, pues, ¿qué dices?
Mas esto decían tentandole, para poder acusarle. Pero Jesús, inclinado hacia el suelo, escribía en tierra con el dedo.
Y como insistieran en preguntarle, se enderezó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella.
E inclinandose de nuevo hacia el suelo, siguió escribiendo en tierra.
Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó?
Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más.

Jesús pausó sabiamente y esperó la respuesta de Dios. Luego habló palabras de verdad que preservaron la vida de esta mujer. Sus palabras ciertamente le dieron vida a ella. Las palabras que él habló también debieron de haberle traído paz a su corazón.

Colosenses 3:16:
La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría….

Al mantener la Palabra de Dios como nuestro estándar, tenemos el más grandioso recurso que nos ayuda a comunicar palabras que pueden quitar una carga, aligerar un corazón, y traer vida y paz. Cuando la Palabra mora en abundancia en nuestros corazones—cuando la leemos y pensamos acerca de ella constantemente—es más fácil hacer la pausa, traer esas palabras edificantes de vida y paz a la mente, y hablarlas.

Otra manera práctica que nos ayuda a asegurarnos de que nuestras palabras traen vida y paz a otros es seguir la paz.

Romanos 14:19:
Así que, sigamos lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación.

La palabra en griego traducida «seguir» significa perseguir. ¡Esa es una palabra activa! A medida que decidimos activamente a perseguir lo que contribuye a la paz, al reposo y a la armonía, nuestras palabras reflejarán esto. Enmarcamos nuestra comunicación con el objetivo de traer vida y paz.

Una manera en la que podemos perseguir activamente la paz en nuestra comunicación es por medio de vigilar cómo decimos las cosas, no solo qué decimos. Cuando nuestro lenguaje corporal y tono vocal reflejan paz, otras personas tienden a estar en paz también. Perseguir la paz nos da una ventaja al hablar palabras que traen vida y paz a otros.

¡Las palabras que decimos son poderosas! Nuestras palabras pueden traer vida y paz, a medida que elegimos basar nuestras comunicaciones en el estándar que es más alto dondequiera—la Palabra de Dios. A medida que permitimos que la Palabra de Dios more en abundancia en nosotros, podemos hacer una pausa y traer palabras de vida y paz a nuestra mente y nuestros labios—especialmente en situaciones retadoras. A medida que procuramos y perseguimos paz, nuestras comunicaciones reflejarán la verdad de la Palabra de Dios en nuestros corazones. ¡Veremos que nuestras palabras sí tienen poder para traer vida y paz a otros!

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