Amar a Dios sobre todas las cosas

Amar a Dios sobre todas las cosas

Como coordinador de Rama, yo muy a menudo le recuerdo a nuestros coordinadores de comunión de casa que no se olviden de llevar a Dios consigo adondequiera que vayan. Es posible estar tan ocupados «sirviendo a Dios» que nos olvidemos de Aquel a Quien estamos sirviendo. Nuestra primera relación más importante es la que tenemos con nuestro Padre celestial y queremos recordar que hemos de amarlo a Él primero. Jesucristo entendía esto. En Marcos 12, Jesús respondió a la pregunta: «¿Cuál es el primer mandamiento de todos?»

Marcos 12:29,30:
Jesús le respondió: El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es.
Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento.

Amar a Dios con todo nuestro corazón, alma, mente y fuerzas requiere amarlo a Él sobre todas las cosas. Podemos estar muy ocupados. A veces nuestro enfoque en las responsabilidades cotidianas puede impedirnos y distraernos de honrar nuestra relación número uno—esa comunión que tenemos con Dios. Si esto ocurre, quizá debamos revaluar nuestras rutinas diarias y cambiarlas para incluir a Dios en lo que sea que hagamos. Cuando amamos a Dios sobre todas las cosas, podemos ver que se incrementa la calidad de nuestra relación con Él.

Una manera de amar a Dios por sobre todas las cosas es guardar Sus testimonios.

Salmos 119:2:
Bienaventurados los QUE GUARDAN SUS TESTIMONIOS,
Y con todo el corazón le buscan.

¿Cómo guardamos Sus testimonios? Primero, aumentamos nuestro conocimiento y entendimiento de la voluntad de Dios por medio de tomar tiempo para leer y estudiar la Palabra de Dios. Es Su Palabra la que nos capacita para conocerle a Él. Es Su Palabra la que nos enseña cómo amar, adorar y tener comunión con Él. A medida que aprendemos Su Palabra, podemos desarrollar y mejorar nuestra relación con Dios. Fomentamos nuestra relación con Él cuando aprendemos de Su Palabra Quién es Dios. Aprendemos lo que Él ha hecho por nosotros y lo que Él hará por nosotros. Vemos cuánto cuidado Él tiene por nosotros, cuánto Él nos ama, y aprendemos a confiar en Él.

Proverbios 3:5,6:
Fíate de Jehová de todo tu corazón,
Y no te apoyes en tu propia prudencia.
Reconócelo en todos tus caminos,
Y él enderezará tus veredas.

Amar a Dios con todo nuestro corazón, alma, mente y fuerzas requiere confiar que Él estará presente con nosotros en las situaciones de la vida y que Él enderezará nuestras veredas. A medida que llevamos a Dios con nosotros, sabemos que Él nos ayudará a mantener el balance en la vida y así no estar sobrecargados con todo lo que necesitamos y queremos lograr en un día, semana, mes o año. Luego, una vez que llegamos a conocer el corazón de nuestro Padre celestial y a confiar en Él, vamos a querer guardar Sus testimonios—hacer Su Palabra. Vamos a querer guardar Sus mandamientos y «sus mandamientos no son gravosos», como dice en I Juan 5:3. Pensamos la Palabra y la aplicamos a las situaciones de la vida. Cuando hacemos la Palabra de Dios y confiamos en Él, lo estamos amando a Él, y nuestra relación con Él será dulce.

Otra manera de amar a Dios por sobre todas las cosas es buscarle a Él en oración y adoración con todo nuestro corazón.

Salmos 119:2:
Bienaventurados los que guardan sus testimonios,
Y CON TODO EL CORAZÓN LE BUSCAN.

Jesucristo nos dio un ejemplo de buscar a Dios en oración.

Marcos 1:35:
Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba.

Lucas 5:16:
Mas él se apartaba a lugares desiertos, y oraba.

Así como en cualquier relación, se requiere de esfuerzo para mantener y desarrollar la comunión. Igualmente ocurre con nuestro Padre celestial. Ponemos nuestro esfuerzo para mantener nuestra comunión con Él viva y vital. Muchas cosas en la vida compiten para captar nuestro tiempo, nuestra energía y nuestra lealtad; pero nosotros queremos tomar el tiempo para orar y para mantener a Dios en nuestros pensamientos durante el día. No hay nada que nos impida de libremente alabar a Dios en adoración por todo lo que Él ha hecho por nosotros. Él desea que Le busquemos en oración y Le alabemos con todo nuestro corazón. Esta relación entre Dios y nosotros es un camino de por vida; así que, vale la pena el esfuerzo que se requiere para asegurarnos que Le oramos y Le adoramos.

Ya que nuestra primera relación más importante es la que tenemos con nuestro Padre celestial, queremos fomentar esa relación por medio de amarle a Él sobre todas las cosas. Podemos manifestar nuestro amor por Él por medio de hacer Su Palabra—por medio de aprender Su Palabra, aprender a confiar en Él y guardar Sus testimonios. También mantenemos y mejoramos esa relación más importante por medio de buscarle a Él en oración y adoración. Llevemos a Dios con nosotros adondequiera que vayamos por medio de amarlo a Él sobre todas las cosas.

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